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"Mi hijo no quiere ir a la escuela"

¿Cómo tomamos la decisión de desescolarizar a nuestro hijo?

Natalia Creche

Por Natalia Lorena Creche

Muchas mamás me han preguntado cómo me he animado a desescolarizar a mi hijo y lo cierto es que ha sido todo un proceso. Me ha sensibilizado mucho ciertos planteos que mi hijo me fue haciendo en los intentos de adaptación al jardín, pero hay dos que han marcado mucho mi manera de ver y sentir la realidad emocional de un niño que muchas veces dista muchísimo de nuestras interpretaciones y de nuestras creencias en torno a cómo deberían ser los niños y que es lo mejor para ellos. Recuerdo una mañana sentados en la cama intentaba convencer a mi hijo para llevarlo al jardín, y era tanta su resistencia que decidí no llevarlo, y le pregunté por qué no quería ir, a lo que él me contestó: «Mamá hay un hilo invisible que une tu ombligo y el mío y cuando me llevas al jardín ese hilo se estira, se estira, y se estira tanto que yo tengo miedo que se corte» Sus palabras tocaron una fibra muy íntima dentro de mí y ese día pude conectar con el sentir de mi hijo y pensé que difícil debía ser para él separarse de mí. En ese momento solo pude validar lo que sentía pero mi limitación emocional, mi falta de tribu y mis miedos me impedían sostener a mi hijo en casa todo el día. Maternar largas horas a solas a un ser que depende totalmente de uno puede llegar a ser devastador dependiendo de las infancias de dónde venimos, sumado a la falta de tribu, y a la falta de espacios donde encontrarnos con otros para compartir. Para muchos niños el único lugar de encuentro con otros niños muchas veces es la escuela y para muchas madres el único lugar de visibilidad es el afuera, esta experiencia puede llegar a ser muy dura e insostenible. Atravesar esta verdad y permitirme cuestionarme si realmente era mi hijo quien «debía» ir al jardín o era yo quién lo necesitaba, me permitió empezar a cuestionar mis propias creencias en torno a la escolaridad y seguir trabajando en mis propias limitaciones emocionales para poder sentir, validar y complacer a mi hijo. En esos años trabajaba en la reconstrucción de mi propia biografía humana con el equipo de Laura Gutman, en ese espacio intentaba recuperar mis verdaderos registros emocionales, recuperar la voz de la niña que fui, sin embargo descubrí que los adultos llevamos mucho tiempo de acallar nuestras voces, de acallar las señales que el cuerpo nos da, hemos aprendido a mirar a otro lado, hemos aprendido a convertirnos en «seres aceptados socialmente», a costa de tapar y acallar nuestras necesidades más genuinas y vitales. Y es por eso que muchas veces gracias a aprender a escuchar y validar las voces de nuestros hijos, es que nos vamos permitiendo recuperar nuestros propios registros, porque aunque nos duela y nos cueste, los niños siempre tienen razón en aquello que nos traen y manifiestan, ya que ellos están más conectados con su esencia y con sus necesidades, y es por eso que no tardarán en hacernos saber cuando estemos intentando desde nuestras «buenas intenciones» forzar sus propios caminos y destinos, tal como los nuestros fueron forzados, aunque hoy ya no tengamos registro de ello.
En los años que vengo procesando todo esto me he vuelto muy observadora y por ahora no he conocido niño que realmente desee ir a la escuela, mi pregunta es si estarán la mayoría de los niños equivocados o tal vez forzar la escolaridad no sea algo muy natural, mucho menos en edades tempranas. Los niños están conectados a un mundo sutil y desde esa conexión nos traen mucha información, sólo que nosotros hemos aprendido a desconectar de nuestros cuerpos y nuestras intuiciones y percepciones para poder adaptarnos a un sistema que nos obligó a vivir por fuera del cuerpo, que nos obligó a obedecer órdenes a pesar de ir en contra de nuestros propios ritmos y necesidades, nos obligaron a acallar nuestras verdades porque no encajaban con las reglas a seguir, nos obligaron a apresurar nuestras infancias, a abandonarlas tempranamente para convertirnos en pequeños adultos porque no quedaba tiempo que perder, y desde ese lugar juzgamos a los niños y no consideramos todo lo que tienen para decirnos, no es que no tengan razón, el problema es que estamos imposibilitados para poder sentir las propias verdades que hemos tenido que adormecer en nuestras infancias y que hoy se reflejan en esas verdades que nuestros hijos tienen para decirnos. ¿Alguna vez te has preguntado si realmente te gustaba ir a la escuela? Muchos de nosotros hemos olvidado y hemos tapado nuestros propios registros de nuestra forzada adaptación escolar, y con el tiempo hemos aprendido a justificar porque era necesario hacer algo que no queríamos y algo para lo que no estábamos preparados.

«Hemos pasado largos años por la escuela de la desconexión con nuestros cuerpos. Ahora somos mente dirigiendo, sometiendo al cuerpo.»

Cristina Romero Miralles

Yo me pregunto si ha valido la pena, tantas horas de desconexión con nuestros cuerpos, con nuestros intereses, yo me pregunto si ha valido la pena adormecer nuestra espontaneidad y con ello nuestra creatividad y el despliegue de nuestros talentos por la promesa de un futuro mejor, futuro que los adultos estamos viviendo y en el que no nos sentimos cómodos, muchos estamos estresados y cansados, abrumados con tantas demandas, cansados de explotarnos a cambio de poco o nada. Muchos de nosotros nos sentimos vacios y muchos de nosotros hemos enfermado.

«Hemos aprendido a violentarnos por dentro a favor de ir cumpliendo con lo que se esperaba de nosotros. Ahora somos ese adulto, ese «buen ciudadano», que ya ha hecho suyos todos los mandatos y las expectativas de esta sociedad, sus objetivos y mentiras»

Cristina Romero Miralles

Tener la valentía de poner en duda muchas verdades que sostenemos en la adultez tal vez pueda permitirnos abandonar la lucha con nuestros hijos, tal vez nos permita dejar de interpretar  y juzgar sus manifestaciones, y  finalmente nos permita comenzar a trabajar sobre nuestros verdaderos registros de escolaridad, de normalidad y adaptabilidad al que hemos sido forzados y sometidos en nuestras infancias con el gran costo de abandonar nuestra única y auténtica manera de manifestar nuestra bendita existencia. Cuando nos hayamos animado a recuperar esos registros podremos comprender que para desandar tantos caminos maltrechos  necesitaremos paciencia, humildad y valentía y mucha capacidad de introspección.

Si todavía tienes dudas yo te invito a que siempre tomes en serio todo lo que tu hijo te pida o te diga, luego conecta con tus límites, con tu propia historia y también con tus recursos y anímate a ser diferente…

Se hace camino al andar…

Abandona la rigidez, no estés ni en contra ni a favor de la escuela.

No pienses igual que otros solo por encajar. Hazte tantas preguntas como necesites. Y busca tantas respuestas como puedas….

Que tus hijos sean tu eje para retomar un camino de reconexión con el ser auténtico que habita dentro de ti…

Crea el mundo que más te guste e inspira a otros a hacerlo también

Natalia Creche

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Sebastian Ledesma
Sebastian Ledesma
1 year ago

Excelente!!!

Graciela
Graciela
5 months ago

Muchas gracias. Estoy evaluando hace bastante educar a mi nena en casa. Y tengo muchos miedos principalmente. Me encanto tu texto. Gracias

Fernando Boglioli
Fernando Boglioli
2 months ago
Reply to  Graciela

Wiiiiiiiii, sería genial, es raro… pero me pongo en el lugar de ella y salto de alegría (me acuerdo como si estuviera sucediendo ahora, a flor de piel.. lo traumático que fue para mi dejar el calor del nido de golpe, tener que dejar de descubrir mi belleza humana para escuchar a quienes ya no se acordaban quienes eran decirme como tenia que ser. Mi experiencia no tiene que ser la de los demás. Pero presiento que no hay aprendizaje más hermoso que el que sucede cuando hay predisposición para ello. Me pasó recién de «adulto» cuando me inscribí a un curso que yo había elegido… la inspiración las ganas de aprender eŕamos uno, una esponja feliz que no necesitaba memorizar nada porque éramos el mismo disfrute. Y también me acuerdo como resbala y no se queda con uno lo que se fuerza por medio de la atención cuando uno en realidad quiere jugar a ser lo que se es (un niño: de aquí surge la procrastinación de adultos… 😉 , es un escape de lo que no quiero hacer…), recuerdo en la primaria como me retaban mientras yo soñaba estar trepado en un árbol y venía un gato para que lo acaricie. Algo tan hermoso y espontáneo no estaba mal, pero me enseñaron a que distraerse era portarse mal y me enviaron a la dirección jajajaj (era la primaria en los 80). Con razón los «niños» se portan mal y parecen «no entender», o con razón la locura «humana» los diagnostica como «déficit de atención»…. <3

Fernando Boglioli
Fernando Boglioli
2 months ago

Vaya si lo sentí ! gracias <3 , ese niño está vivo y latiendo atemporalmente. No se puede borrar la hermosa animalidad que somos, apenas se la puede inhibir por un tiempo, gracias por inspirar tan hermosas lágrimas

Fernando Boglioli
Fernando Boglioli
2 months ago

Si, ese diseño humano es la confianza misma, la vida que confía en si misma… Siento que la identidad adquirida posteriormente es como un embalse o una represa virtual moral … que parece que por un tiempo puede hacer parecer que esa fuerza vital inagotable no estuviera disponible… Lamentablemente hay gente que se le ha programado una represa que parece secar por completo el rio que había en su lugar, en otros las compuertas están abiertas parcialmente y en otros están abiertas de par en par , casi como sino hubiera represa alguna… En otros, esa represa puede abrir sus puertas luego de un tiempo y ser vista como transparente y sin efecto sobre el fluir del agua que somos… es una de las cosas más hermosas que pueden pasarle a un ser humano. <3 ABRAZO <3

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