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Conectar con nuestro ser más auténtico.

Vivir en valores, un desafío para trascenderse a uno mismo y encontrar paz.

Natalia Creche

Por Natalia Lorena Creche

«Sé el cambio que quieres ver en el mundo».

Mahatma Gandhi 

Estos días me ha llegado una experiencia a través de mi hijo que despertó en mí, el deseo de compartir como mi vida se va transformando desde que decidí vivirla en valores.

Esta diferencia la conocí gracias a leer un artículo de Yvonne Laborda que tocó mi vida en un momento de la crianza donde algo no me cerraba. Y en ese cambio radicaba la respuesta puedo decirlo hoy después de más de 2 años que llevo integrando en mi vida valores y conceptos de la comunicación no violenta.

En casa hemos decidido tener como valor LA VERDAD y EL AMOR. También estamos trabajando muy profundamente en la manera como nos comunicamos, tratando de eliminar los juicios, las críticas, las etiquetas y las comparaciones (competencia).

Mi gran eje en este camino es mi hijo ya que es quien mejor me refleja, y mi pareja con quienes nos ayudamos a ver lo que a veces por nosotros mismos nos cuesta muchísimo.

Quisiera detenerme e invitarte a que confíes en la manera de comportarse de tu hijo, los niños tienen las neuronas espejo activadas al 100 % (esto lo estoy aprendiendo en una diplomatura que estoy haciendo de CuerpoMenteyAlma y biodecodificación) y es por esto que sus comportamientos pueden reflejar situaciones, expresiones, gestos de los adultos que lo rodean.

De grandes hemos construido un personaje social muy fuerte el cual nos ha permitido sobrevivir y ser aceptados primero en nuestro núcleo primario (familia) y luego en la sociedad (escuelas, grupos, trabajos, etc.) Ese personaje nos enmascara y no nos permite mirar aquellas partes más sombrías que negamos y rechazamos pero que de alguna manera se manifiestan en nuestras proyecciones, en nuestros juicios, en nuestros conflictos, en nuestra corporalidad y gestualidad y también en nuestros silencios. Los silencios, las mentiras o verdades contadas a medias generan energías muy pesadas en nuestro ambiente mas íntimo y son los niños quienes como buenas esponjas las perciben y las manifiestan en forma de explosión, llanto, enojo y/o enfermedad.

A día de hoy todavía necesito ser consciente de esta decisión, a día de hoy todavía no integro totalmente ésto que quiero para mi vida porque me esta llevando trabajo interno de mirarme, de trabajarme, de revisarme y de transformar mi manera de comunicarme. Porque todavía cuando no puedo conectar con mis necesidades y sentimientos utilizo palabras muy negativas en mi forma de expresarme.

Te quiero compartir experiencias de como mi hijo me acompaña en este proceso y como él ya tiene mejor integrado todo esto. Es que en realidad en la esencia del ser humano no existe todo esto, en la esencia del ser humano está el AMOR, LA VERDAD y LA ESPONTANEIDAD.

Éstos días he tenido una diferencia con una persona y mi hijo me escuchaba grabarle un audio explicándole lo que yo sentía, mientras lo grababa él me dice » Mamá esa persona no te esta haciendo nada, esa persona solo te da lo que puede!! ¡Wuau! En ese momento corté el audio y le agradecí por esa toma de consciencia, ya que venimos trabajando este concepto hace tiempo. El otro no nos hace nada, el otro da lo que tiene, el otro se comporta como se siente al igual que nosotros. Esta nueva manera de mirar al otro nos ha permitido sostener nuestra estima y empoderar a nuestro hijo en las situaciones de conflictos.

Mi hijo tiene 7 años y es una etapa donde muchos niños ya han aprendido e interiorizado la burla, la competencia y el desprecio (distintas formas de violencia pasiva) como manera de expresar su malestar, y lo hacen de esa manera porque es un tipo de violencia invisible y no está tan despreciada socialmente como la violencia activa (pegar, romper, destruir).

Me ha costado mucho aceptar esto pero necesitaba acompañar a mi hijo de una manera sana y decidí explicarle que existe un arte marcial (el AIKIDO, el arte marcial de la paz) que tiene como filosofía no devolver con violencia un ataque. Es un tipo de arte marcial que no devuelve a su atacante con otro ataque sino que re-direcciona la energía del ataque para que regrese a quien la causó, permitiendo de esta manera devolver el problema al otro. Ésta práctica me parece un interesante ejercicio mental. Para poder vivir de esta manera hay que tener claro que el ataque viene desde afuera y que de mí depende devolver eso que no quiere que me llegue ni me afecte. O sea no devuelvo violencia sino que si estoy en verdadera paz devuelvo esa energía a quien la emitió permitiendo también que quien a actuado mal pueda si desea preguntarse que lo ha impulsado a comportarse así. Le ofrecí practicarla y está muy contento, se que es una herramienta más en su vida para afrontar con verdadera seguridad emocional situaciones de violencia sutil con la que se enfrenta continuamente, porque lo que es en el cuerpo, es en la mente y lo que es en la mente en el cuerpo.

Muchas veces nos sentimos impotentes antes las situaciones de burlas, comparaciones o desprecios que viven nuestros hijos pero si les enseñamos a defenderse de la misma manera no estamos cortando la violencia, y además les hacemos creer que los que los demás dicen y opinan de ellos tiene algún tipo de peso en lo que ellos son realmente.

Otra experiencia muy transformadora que estoy atravesando fue a partir de la idea de ir erradicando los juegos de competencia en las vivencia de mi hijo. Lo que trajo como consecuencia auto-observar nuestra manera de expresarnos cuando hablamos de personas o situaciones diferentes a nosotros. El otro día comíamos un budín y yo dije que ese budín era mejor que otro que habíamos probado a lo que mi hijo me dice «Mamá estas compitiendo no hay nada mejor ni peor». Este planteo me hizo dar cuenta que tenía razón, que mi expresión todavía habla de este sistema de competencias tan arraigado en nosotros que se nos introduce, sobrevalorando algunas cosas y descalificando otras. Luego de entender esto le agradecí a mi hijo y le explique que una expresión mas correcta hubiese sido «prefiero comprar este budín porque me gusta muchísimo».

La manera de expresarnos tiene una carga muy sutil, pero los niños la perciben, nosotros ya no logramos percibir la sutileza del juicio, de la crítica, de la comparación y la competencia porque en algún momento hemos desconectado de nuestro sentir verdadero y nos hemos amoldado y acomodado a la manera de vivir bajo un sistema que enseña a descalificar, a jerarquizar, a dividir, a castigar. De alguna manera muy inconsciente vamos formándonos bajos ideas muy duales, lo bueno y lo malo, lo correcto y lo incorrecto, lo positivo y lo negativo, lo lindo y lo feo, esto está gravado en nuestro inconsciente colectivo y necesitamos transcender esa manera dual de vivir y percibir la vida para poder comprender que somos un todo y que lo que ocurre afuera también acontece dentro.

Yo he necesitado reconocer esta dualidad en mi misma y aceptar aquellos aspectos que menos me gustaban para poder así sanar esas partes en mí.

«Vivir en valores es trascender ese esquema dualista y moralista para poder conectar con nuestro ser más auténtico».

Deseo de corazón que mis vivencias te toquen, te lleguen y te acompañen a incorporar en tu vida nuevos aprendizajes que aporten verdadera paz a la humanidad.

¡¡¡Que tengas un bello día!!!

Natalia Creche

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Natalia Lorena CrechePaula Recent comment authors
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Paula
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Paula

Oh! Gracias! No puedo dejar de leer tus escritos! Y este me ha dado una sacudida…Me ha hecho llorar! Y me estoy yendo a dormir con cada palabra en mi corazón. De verdad Gracias! Por compartirte y dedicarte a acompañar lo que muchos vivimos en el crecer junto a nuestros hijos.
Gracias enormes, Natalia!